Guía para aprender del fracaso para profesionales y directivos

¿Cómo aprender del fracaso? Los profesionales y directivos que toman iniciativa y buscan la excelencia pueden cometer más errores y recibir más críticas. Si eres una de estas personas debes prepararte para aprovechar las enseñanzas del fracaso.

El hombre es el único animal que tras haber tropezado dos veces con la misma piedra, se vuelve y le da una patada. Esta reflexión de Moncho Alpuente refleja que no se aprende de fracasar, se aprende de superar los fracasos. Y eso es muy difícil.

Si quieres mejorar tu vida profesional tras un fracaso puedes emplear una técnica de autoevaluación mediante cinco preguntas: qué puedo aprender, qué hubiera hecho diferente, qué competencias debo entrenar, de quién puedo aprender y cuál es el próximo paso.

En esta Guía para aprender del fracaso te cuento 11 estrategias para sacar partido a los errores y para obtener logros con más facilidad. ¡Cuéntame cuál es la que mejor funciona en tu caso!

11 ESTRATEGIAS PARA APRENDER DEL FRACASO

1. Prepárate para fracasar y para aceptar sus consecuencias

El “emprendedor” Homer Simpson es uno de los más famosos losers que además se permite criticar a otros losers. Dijo el gran actor Fernando Fernán Gómez que el mal del español no es la envidia (querer hacer o tener lo que otros) sino el desprecio.

Fracasar sigue siendo un estigma. Culturamente nos educan para sentir desprecio (o indiferencia, que es aún peor) por aquellos que no son capaces de tener los éxitos sociales y profesionales suficientes, tendencia que se agudiza en un mundo cada vez más global y competitivo.

Solo fracasan los que toman iniciativa. Y lo digo como un halago. Como profesional y como directivo, implica siempre más riesgo tomar iniciativa para intentar cambiar o mejorar las cosas en tu empresa y en tu trayectoria. Las propuestas para cambiar el status quo siempre serán criticadas, entorpecidas o boicoteadas por aquellos a los que puede afectar negativamente.

Además, recuerda que si haces propuestas posiblemente te asignen la responsabilidad y el trabajo de llevarlas a cabo, lo que conllevará nuevos riesgos. En síntesis, emprender en el sentido amplio de la palabra, ser coherente con tu estilo de vida profesional y con tus valores y buscar la eficiencia deben acompañarse de una actitud adecuada para afrontar y aceptar las resistencias y el fracaso.

2. No temas al fracaso pero prepárate para prevenirlo

Para evitar el fracaso, conócete. Elige metas, métodos y plazos realistas y ajustados a tus competencias, a tus intereses y al contexto personal y profesional que vives.

¿A veces es mejor fracasar que recordar que no lo intentaste? En malos momentos, tendemos a sobrevalorar la vida pasada y poner en duda el valor de la actual, a fantasear con aquello que no intentamos o con aquello que no pudo ser. “Qué hubiera pasado si…” es un comportamiento verbal obsesivo que genera ansiedad.

Mi abuelo me dijo que más vale fracasar que vivir frustrado. Esta idealista reflexión del tratado de la derrota de @jorgejuan minusvalora lo duro que es “vivir frustrado” y que muchos fracasos pueden tener consecuencias muy negativas en el desarrollo profesional. Arriesgarse no debe ser un estilo por defecto, sino una actitud que debe aplicarse con sabiduría adaptada a cada momento, contexto y objetivo profesional.

¿Estarás más decepcionado por lo que no hiciste que por lo que hiciste? Hay una épica sobrevalorada alrededor de lo que pudimos ser y hacer y no hicimos expresada por esta célebre frase de Mark Twain (que he puesto entre interrogaciones) que se ha convertido en una especie de oda al emprendimiento, una invitación a no conformarse con empleos y estilos de vida que no motivan y a “luchar por ser feliz”, aunque no sepamos bien qué significa.

¿Qué hubiera pasado si hubieses tomado otro camino? Tu vida sería ahora diferente pero muy probablemente no sería ni mejor ni peor. A mi entender se trata de un debate absurdo porque siempre estamos eligiendo, con sus pros y sus contras, y lo que hoy nos parecen alternativas mejores, aventureras y románticas, ayer eran opciones inasumibles o, simplemente, menos prácticas o interesantes. Además nuestros intereses, motivaciones y posibilidades cambian continuamente.

Sea cual sea tu elección, una vez tomada tenderás a pensar que las alternativas eran mejores. Cuando miramos atrás solemos arrepentirnos de las decisiones tomadas porque nos gusta fantasear con la bondad de las opciones que no elegimos. En todo caso, si consideras que vas a arrepentirte en el futuro por no haber intentado hoy superar un difícil reto, disfrutar de una experiencia o transitar un camino profesional en particular, tal vez sea buena idea probar, no sea que te tires el resto de tu vida fustigándote con algo que supuestamente pudo ser y no fue.

Para prevenir el fracaso, persigue lo que quieres pero trabaja en lo que puedes. Perseguir objetivos ambiciosos en tu empresa o en tu trayectoria o reinventarte profesionalmente no requieren que tires todo por la borda de la noche a la mañana. Puede continuar con tu ocupación actual mientras experimentas y pruebas nuevos caminos y estrategias controlando la inversión y tomando un riesgo asumible.

3. Aprende de tus fracasos pero no los idealices 

Esta reflexión del guionista, cómico y mago @jandro (La oreja verde, Alienta 2003) indica que fracasar puede motivar al esfuerzo y fortalecer la resistencia. Pero muchas veces, el fracaso solo es una consecuencia de hacer las cosas mal que lleva al desánimo.

No hay que generalizar las ventajas de las experiencias de fracaso y hay que analizar cada una de forma específica. La retórica del actual mundo de los emprendedores intenta poner en valor el fracaso, critica la cultura de estigmatización del error y propone abrazarlo como el símbolo del riesgo y de la iniciativa. Su lema podría ser ganar es rentable, perder es una inversión.

En redes sociales, blogs y manuales de lectura rápida se comparten miles de ideas y frases que no sólo quitan yerro a los fracasos sino que incluso resaltan la importancia de fracasar como si fuese un objetivo en sí mismo.

Para reinventarse como emprendedor pareciera que uno tenga que tatuarse su primer mandamiento, no fracasas, aprendes. Pero del fracaso muchas veces solo se aprende que la vida es dura. No lo idealicemos.

4. Anímate a asumir riesgos aceptables y a perseverar

Una parte de la reformulación verbal que rodea la reinvención del concepto fracaso puede ser fruto de la burbuja emprendedora pero es importante recordar que los profesionales, directivos y organizaciones que crecen e innovan son los que asumen riesgos. Animar es aumentar las emociones positivas y motivar es ayudar a encontrar motivos para hacer o conseguir algo. Estas reflexiones seguro que te animan a considerar de otra forma los fracasos y errores.

Trece ideas para animarte a intentarlo y relativizar el fracaso

1. La fórmula del éxito en cualquier actividad consiste en levantarse una vez más de las que uno cae. N+1=Éxito. (Fernando Moreno Nieto@fmorenonieto)
2. Los que renuncian son más numerosos que los que fracasan. (Henry Ford)
3. Nuestra gran debilidad es siempre la renuncia. El único camino cierto para lograrlo es volver a intentarlo una vez más. (Thomas Alva Edison)
4. ¡Es siempre demasiado pronto para renunciar! (Norman Vincent Peale)
5. La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva. Jose Saramago
6. No fracasamos, decidimos posponer nuestro éxito 😉
7. No perdimos el partido, solo se nos agotó el tiempo 😉
8. Caballeros, debo recordarles que mis probabilidades de éxito aumentan en cada nuevo intento. (John Nash, Nobel de Economía 1994)
9. Fallas el 100% de los tiros que no intentas. (Wayne Gretzky, jugador de hockey sobre hielo)
10. Derrota tras derrota hasta la victoria. (Mao)
11. El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse. (Winston Churchill)
12. La mayor parte de los fracasos nos vienen por querer adelantar la hora de los éxitos. (Amado Nervo)
13. Si quieres impresionar a tu audiencia, cuéntale tus éxitos; si quieres que se identifique contigo, tus fracasos. J.C.Maxwell

 

5. Desconfía de los consejos que enaltecen el fracaso

Hay personas que se pueden permitir fallar y otras para quienes tendría consecuencias muy negativas de las que les resultaría muy difícil recuperarse. Si bien se pueden obtener algunas enseñanzas del fracaso, parece una temeridad promoverlo como fuente de aprendizaje o como motivación para emprender, como apunta @dbravo en su tuit.

Una cosa es que a toro pasado hagamos de la derrota virtud y recojamos todo lo que se pueda aprovechar tras la batalla, y otra usarlo como “método de prácticas” que puede implicar problemas profesionales e incluso financieros. Vanagloriarse de “arruinarse muchas veces” puede demostrar ‘carácter emprendedor’ o pocas luces para los negocios.

Aquí tienes algunas ideas que reflejan mi lucha sin cuartel contra el postureo anti-fracaso que exhiben los que triunfaron. ¿Con que idea te sientes más identificado?

Quince ideas para ponerte en guardia ante los gurús pro-fracaso

1. Los únicos que hablan del valor del fracaso son los que triunfaron. A los otros nadie les pregunta. @tintaalsol
2. Cuando alguien tiene éxito en algo y aconseja a otros ‘cualquier cosa que te propongas es posible’ siempre olvida mencionar las que no pudo (Yoriento.com)
3. Los que más alaban el fracaso son los que menos tienen que temerlo: millonarios, guruses y profesores de emebeás (Yoriento.com)
4. La realidad es que los éxitos se los llevan los fuertes y el fracaso los débiles, y eso es todo. (Oscar Wilde)
5. Lo bueno del fracaso es el aprendizaje, el fracaso en si es prescindible. @berta1974
6. Sólo hay algo más doloroso que aprender de la experiencia: no aprender de la experiencia
7. Equivocarse es bueno solo vale como frase hecha de consultor. Para todo lo demás, es mejor intentar anticiparse al error y aprender de los errores ajenos.
8. Con los años he aprendido de mis errores. Cada vez los cometo mejor. @elbaronrojo
9. Aprender de los errores es estadística; aprender de los éxitos es motivación
10. Algunos fracasos hacen mejorar, y otros sólo hacen fracasar. Cuestión de análisis sincero e inteligente
11. El fracaso por sí solo no te hace mejor profesional, sólo más resistente
12. –¿Alguna vez te cansas? –Sólo me aburro, los hombres siempre cometen los mismos errores estúpidos una y otra vez. (The man from earth, película sobre un hombre inmortal)
13. Sabrás cómo deberías haberlo hecho cuando, tras haberte equivocado repetidamente, hayas terminado y sólo cuando ese conocimiento ya sea completamente inútil. (Conjetura de IKEA o del conocimiento inútil)
14. Si el fracaso vale cuando aprendes del fracaso, lo que vale es aprender, no fracasar.
15. Si no estás aprendiendo de tus errores mejor que no hagas nada
6. Se aprende de superar el fracaso, no de fracasar
Aprendemos analizando éxitos propios y ajenos más que obsesionándonos con los fracasos

El hombre es el único animal que tras haber tropezado dos veces con la misma piedra, se vuelve y le da una patada. Esta reflexión de Moncho Alpuente revela que equivocarse no supone garantía de aprendizaje. Es fácil aprender del fracaso en escenarios simples o controlados. Si ante solo dos opciones posibles escoges una y te equivocas seguro que habrás aprendido que la correcta era la que no elegiste. De hecho la ciencia optimiza el análisis de los “errores” aplicando el método científico para aumentar el control sobre las variables implicadas y sus relaciones y así crear conocimiento de forma sistemática.

Pero la vida suele ser habitualmente muy compleja para las personas y los profesionales que no tenemos esa actitud científica ni los recursos e información para aplicarla. En muchas situaciones, tras un fracaso o un error ni siquiera seremos capaces de averiguar su causa.

Puedes sufrir un mala relación de pareja, una desafortunada trayectoria como emprendedor o no encontrar empleo en mucho tiempo sin llegar a descubrir las razones de tus problemas. Tropezamos dos veces con la misma piedra porque no llegamos a saber qué paso cuando lo hicimos la primera vez.

Del fracaso es más difícil aprender u obtener conclusiones cuanto más complejo es el escenario en que se produce. Si te ponen una multa por exceso de velocidad, de ese “fracaso” obtendrás fácilmente algún aprendizaje directo tipo “cada vez que pase de 120 Km por hora debo estar muy atento a posible radares.”.

Pero si eres un directivo que no consigues motivar a tu equipo, si te despiden de una empresa sin motivo aparente o tu pareja te dice “tenemos que hablar”, es probable que no te resulte nada fácil descubrir los problemas y la soluciones para aplicarlas en situaciones similares en el futuro. Se supone que de los errores deberíamos aprender pero muchas veces veces no somos capaces ni de identificar de forma concreta cuál es el problema.

Para rentabilizar el fracaso, fracasa rápido y barato. Para prevenir las consecuencias negativas del fracaso es conveniente limitar el riesgo que se quiere y se puede asumir. Fernando Moreno Nieto @fmorenonieto, emprendedor español en Internet, cuenta que se arruinó junto a su familia invirtiendo de forma poco controlada. Aprendió la lección y la suele contar en sus conferencias:

La emprendedora Begoña Martínez @minibego me decía en Twitter que en lugar de recomendar “fracasa rápido, fracasa a menudo” prefería la expresión “aprende rápido, aprende a menudo”. Es buena idea utilizar el lenguaje con el que nos sintamos más cómodos o con más ánimo pero hay mucha diferencia entre lo que uno cree aprender de los fracasos y lo que de verdad aprende, independientemente de qué palabras use para describirlo.

Aprende a recibir las críticas con elegancia y a gestionarlas con inteligencia. Cuanto más ambiciosos e innovadores sean tus objetivos profesionales o tu negocio, más probable es que cometas errores y recibas criticas negativas, incluso antes de cometerlos. Si tu reacción habitual a las críticas es defensiva y de rechazo, posiblemente aprenderás muy poco sobre cómo mejorar tu vida profesional o tu negocio.

Valora la importancia de las críticas. En realidad quieres que te critiquen. Las críticas muestran que la gente se interesa por lo que estás haciendo y los críticos te obligan y motivan a hacerlo mejor, en parte para demostrarles que están equivocados 😉 Para prevenir el fracaso, encuentra gente que critique tus decisiones para hacerlas mejores.

Filtra en función de tus intereses. De las opiniones o valoraciones negativas selecciona las partes que pueden ser de utilidad o que contienen alguna verdad y desecha el resto. La forma más fácil de hacer esto es preguntarte: ¿qué parte de esta crítica tiene valor para mi caso?

Formula preguntas. Cuando alguien critica tus errores y fracasos lo más inteligente es preguntarle cómo puedes mejorar o qué hubiera hecho en tu situación. En lugar de criticar a los que te critican, pídeles opinión. Si rechazas una sugerencia, molestas; si pides un consejo, halagas.

Decide el riesgo que vas a aceptar. Muchos críticos te recomendarán que evites arriesgarte y pronosticarán tu fracaso. Tienes que tener una idea clara de ti mismo como profesional y mantenerte enfocado en tus objetivos y en el modo en que ofreces valor a tu empresa o a tus clientes. Y a partir de ahí, decidir cuál es el margen de riesgo que has decidido tolerar, así como las consecuencias de un posible fracaso.

Lucha por alcanzar tus metas pero también prepárate para el error. Sobre todo cuando tus objetivos sean de altura, como en el caso del piloto @javilanao 😉

8. Para evitar el fracaso profesional no sobreestimes el éxito

Tendemos a sobreestimar nuestras posibilidades de logro profesional.

¿Hasta qué punto el optimismo y el pensamiento positivo sobre las posibilidades de éxito tienen influencia en los verdaderos logros y avances? Los factores claves del éxito y el desarrollo profesional nada tienen que ver con las expectativas, más bien es al contrario: las expectativas y el optimismo son consecuencia de logros previos.

Para prevenir el fracaso, evita sobreestimar el éxito en la definición y consecución de tus objetivos profesionales. Para ello, puedes pide consejo a personas que alcanzaron metas similares y también a aquellas que no lo consiguieron. Y no olvides darte un margen de error suficiente que te permita planificar reduciendo el riesgo y minimizando la posible frustración del fracaso.

9. Los fracasos curten y los logros guían. 

El fracaso revela lo que no funciona, pero no enseña qué hacer después. Es mejor aprender de los éxitos y de los avances porque motivan y además señalan el camino. Cuanto más acertamos más fácil es que sigamos acertando. Este aprendizaje del éxito tiende a ‘generalizarse’ en la consecución de otras metas similares en contextos similares. Cuantos más logros alcanzamos más accesibles nos parecen los siguientes y mayor es nuestra motivación para conseguirlos.

Los logros afinan y motivan el aprendizaje. Si del fracaso se aprendiera tanto todos seríamos muchos más inteligentes y profesionales. De lo que se aprende es de los logros propios y ajenos.

Los objetivos nos parecen más fáciles tras alcanzarlos. En un estudio (Lee, Y. et. Al., 2012)  se les pidió a nueve arqueros experimentados que usaran una determinada diana. Tras disparar cada flecha debían girar la cabeza para no ver el recorrido que seguía. Tras el tiro, se retiraba la diana para que no supiesen el resultado, cómo de cerca había quedado del centro.
Después de cada impacto cada tirador debía anotar una estimación del tamaño del círculo central de la diana y los resultados fueron muy interesantes. Las dimensiones que percibieron los arqueros se correspondió con la precisión de sus lanzamientos: cuanto mejor fue el tiro más grande se percibió la diana.
Parece que los tiradores son capaces de saber los resultados de sus lanzamientos, aunque no puedan verlos, debido a su experiencia anterior por la retroalimentación que les brinda su cuerpo. Los objetivos nos parecen más fáciles tras alcanzarlos, igual que las dianas nos parecen más grandes tras haber acertado el tiro.

Se suele decir que “el fracaso está fuera y la derrota está dentro” insistiendo en la importancia de la “mente” que supuestamente toma la decisión de claudicar ante los obstáculos y de renunciar a la posibilidad de convertir la derrota en éxito. Se trata del famoso “si quieres puedes” que implica que hay gente que cree en el éxito y por eso lo consigue y hay gente que no; que algunas personas “toman los fracasos como impulsos para la superación y otras, como derrotas”.

Si querer es poder, cuando no puedes, ¿es que no has querido lo suficiente? Si quieres puedeses un argumento circular, una explicación que no explica nada, porque sigue sin dilucidar las razones por las que unas personas llegan a tener “la suficiente voluntad” o fuerza mental y otras no. Porque si poder depende de querer, ¿de qué depende querer?

La fuerza de voluntad proviene de los éxitos previos. ¿De dónde si no? Se suele afirmar con rotundidad que la diferencia entre las personas que tienen éxito y las perdedoras (como si fuesen categorías naturales) está en la cabeza, en la fortaleza mental, en la actitud, en las ganas de ganar. Pero lo que te hace ganar no es la “fortaleza mental”.

La fortaleza mental es lo que se adquiere cuando se gana, cuando se alcanzan el tipo y número adecuado de éxitos. Lo importante es HACER todo lo que toca para ganar y trabajar o entrenar también cuando no te apetece. Tener la suficiente motivación para afrontar retos, creer que se va a tener éxito y confiar en uno mismo, no son causas sino efectos de haber logrado los éxitos suficientes en los contextos y momentos necesarios.

10. Para conseguir logros importantes, alcanza logros previos suficientes.

No es la actitud ganadora la que nos lleva a los éxitos, son los éxitos los que crean una actitud ganadora. Podría decirse que el éxito llama al éxito, y el fracaso al fracaso, como escribía en su blog @benitezrafa. Superar retos nos estimula para afrontar nuevos retos: es el llamado efecto ganador.

Las experiencias de éxito tempranas y la confianza que generan son claves porque un logro hace probables nuevos logros. De ahí la importancia de conseguir suficientes éxitos en la vida personal y profesional, entendidos como avances o pasos hacia objetivos valiosos para la persona. La diferencia entre ‘triunfadores’ y ‘perdedores’ en determinados contextos y para determinados objetivos, es haber obtenido los éxitos adecuados en los momentos adecuados.

Si eres guapo/a tendrás más confianza a la hora de ligar debido a tus éxitos anteriores. ¿Qué sorprendente, verdad? Y si no eres atractivo/a pero aún así cuentas con confianza para relacionarte con aplomo, es probable que dispongas de otras virtudes que facilitaron y facilitan tus logros, ¿no es cierto? 😉 En la vida profesional, si acudes con seguridad a una entrevista de selección lo más probable es que hayas superado algunas apoyado en unas buenas competencias profesionales y tal vez en experiencias que han hecho interesante tu currículo.

La moraleja es clara: si quieres disfrutar de una fortaleza mental y un poder de voluntad envidiables prepárate bien para obtener los avances y los éxitos necesarios: ponte lo más guapo posible y desarrolla las virtudes y competencias que tendrán valor para los demás.

11. Guía rápida para aprender del fracaso

Ya hemos visto lo difícil que es aprender del fracaso, sobre todo en escenarios complejos. Pero podemos utilizar cuestiones de autoevaluación para mejorar siendo sistemáticos en el análisis y evaluación de los errores y de los factores implicados.

Seis preguntas para aprender del fracaso para profesionales y directivos

1. Análisis. ¿Que puedo aprender de esto?

Responsabilízate de la parte que ha ido mal por ti. Quizá no todo ha sido culpa tuya pero quizá lo fue en parte. La gente con éxito no pone excusas ni culpa a los demás sino que se hacen cargo del asunto. Se crítico pero constructivo. Intenta analizar con objetividad. Haz una lista de las cuestiones clave de lo ocurrido y analiza la lista paso a paso para encontrar los puntos que puedan servirte de aprendizaje.

2. Alternativas. ¿Qué hubiese hecho de forma diferente?

¿Qué otras opciones tenías? ¿Qué decisiones tomaste? ¿Podrías haberlo hecho de modo diferente? Mirando con perspectiva, ¿qué pasos hubieses dado de modo diferente?

3. Competencias. ¿Necesito aprender o mejorar mis habilidades?

¿El problema te ha hecho ver que no tienes las habilidades necesarias? ¿Cómo podrías mejorarlas? Quizá puedas contar con libros, algún curso o alguna persona que pueda ayudar. Prepara un plan de desarrollo para mejorar o adquirir las habilidades y experiencia que necesitas.

4. Modelos. ¿De quién puedo aprender?

¿A quién podrías pedir asesoramiento? Si te ha visto algún jefe, algún colega de trabajo o algún amigo les puedes pedir feedback y orientación. Mucha gente no pide ayuda porque lo consideran un signo de debilidad más que una fortaleza. No es así, sino que muestra que estás dispuesto a aprender y cambiar. Algún buen amigo estará dispuesto a ayudar.

5. Acción. ¿Cuál es el próximo paso? Elabora un plan.

¿Probarías algo nuevo o algo diferente? Revisa tus metas y objetivos. Esta inversión ha sido un revés en tu camino pero piensa que ha sido algo divertido en lugar de una interrupción. Ahora puedes centrar tu rumbo hacia el nuevo plan.

6. Aceptación. ¿Te has esforzado lo suficiente y has aprendido lo necesario?

Si ambas respuestas son síes, significa que posiblemente has hecho lo que estaba en tu mano para conseguir el objetivo. Tal vez tienes que plantearte un reto más asequible, mejorar tu planificación, tus competencias y tus técnicas o darte el tiempo necesario para alcanzar esa meta.

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